
![]() |
|
Así, la formación del micropsicoanalista consta de tres etapas: el micropsicoanálisis personal, el micropsicoanálisis didáctico y las sesiones de control. En micropsicoanálisis la distinción clásica entre un análisis terapéutico (motivado por uno o varios síntomas neuróticos) y análisis didáctico (hecho generalmente por una persona médico o psicólogo que desea ser analista), no existe a priori. No solamente esta distinción da una falsa connotación clínica al trabajo analítico, sino que también daría a entender que el futuro analista no tendría conflictos inconscientes que analizar y que su trabajo sobre el diván sería de orden intelectual. El candidato a micropsicoanalista no se beneficia de ningún estatuto particular al empezar su análisis. Se empieza por hacer un micropsicoanálisis personal, es decir, analizar asociativamente sus núcleos neuróticos inconscientes. Al final de este trabajo, el analizado se conoce suficientemente a sí mismo a la vez que al micropsicoanálisis para juzgar si la profesión de micropsicoanalista corresponde a sus auténticas aspiraciones y no a aspiraciones neuróticas. Con el acuerdo de su micropsicoanalista, decide entonces hacer un micropsicoanálisis didáctico, segundo tiempo de su formación. Los únicos criterios que el micropsicoanalista didacta tiene en cuenta para aceptar el empezar un análisis didáctico son los adquiridos en el micropsicoanálisis personal del candidato. Conforme a una convicción de Freud que defendió hasta el final de su vida, no se exige ningún título universitario. Es el candidato a micropsicoanalista quien debe de ajustarse a la legislación de su país. El final de este segundo período de formación lo decide el micropsicoanalista didacta. Su decisión se basa en los criterios asociativos que traducen la liquidación de los conflictos inconscientes, la asimilación de la técnica y la maduración de las cualidades humanas del futuro micropsicoanalista. A partir de ahí puede empezar a practicar. De todas formas la profesión de micropsicoanalista exige una experiencia que se adquiere lentamente y el micropsicoanalista que empieza debe de someterse aún a sesiones de control a lo largo de las cuales revisa su trabajo, especialmente en lo que se refiere a la contratransferencia. Las sesiones de control se efectúan con un analista didacta que supervisa al menos los tres primeros micropsicoanálisis o las 2500 primeras horas de trabajo. Cuando ha terminado los controles, el micropsicoanalista presenta un trabajo clínico ante la Comisión para la practica de la Sociedad Internacional de Micropsicoanálisis quien, de acuerdo con su micropsicoanalista controlador, le otorga el título de miembro practicante. En suma, el ser micropsicoanalista corresponde a un compromiso vital importante que exige un esfuerzo prolongado: sólo el análisis personal junto con el didáctico, suponen de 1000 á 1500 horas de sesiones para lo cual son necesarios al menos de tres a cinco años de intenso trabajo. |
||